Love of Lesbian – La épica de la desnudez

Posted on 20 diciembre, 2011

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Es tan simple como una guitarra y una voz. Desnudar una canción y mantener intacta su esencia de himno generacional, de locura y éxtasis colectivo, de sentimientos tan personales como perfectamente identificables en la vida de cada una. Semejante tarea, muchísimo más complicada de lo que su simple apariencia muestra, es la que eleva aún más el éxito de los conciertos que Santi Balmes y Jordi Roig, dos de las piezas de ese puzzle magnético llamado Love of Lesbian, ofrecieron en la Sala Stereo de Murcia. Mismo éxito de público que en sus últimas visitas a la capital del Segura (las entradas para ambas citas volaron a una rapidez de vértigo) pero diferente cara. A la mencionada falta de algunos miembros de la banda, se debe sumar el aspecto acústico de la cita, ese que convierte, o intenta, a una sala de conciertos en un teatro, que implora por un silencio utópico y que sirve para medir hasta que punto está justificado la capacidad de cualquier artista. No hay artificios, solo canciones y sus creadores.

Más allá del triunfo abrumador de ‘1999 (o cómo generar incendios de nieve con una lupa enfocando a la luna)’, su último trabajo hasta la fecha, y a la espera de un ansiado nuevo disco en el que ya se encuentran trabajando de cara a su publicación para la primavera del inminente 2012, Balmes y Roig se entregaron desde la cercanía a un público entregado que coreó, con respeto, pero sin perder esa sensación de épica inconfundible, cada uno de los temas desgranados a lo largo de las dos noches. Porque Love of Lesbian cuenta, precisamente, con eso, con canciones indiscutibles. ‘Universos infinitos’, ‘Música de ascensores’ o esa joya escondida en su discografía que es ‘Limusinas’, desprendieron el aroma de la emotividad más elegante, ese drama cercano y arrebatador que, cuando se mezcla con el romanticismo, consigue atrapar a cualquier corazón, ciego de amor o ataviado con unas gafas de pasta. Y, una vez más, sin importar lo más mínimo cuántas veces las hayamos escuchado en directo en los últimos meses, canciones como ‘Domingo astromántico’, ‘Los colores de una sombra’, ‘Noches reversibles’ o ‘Un día en el parque’, volvieron a enternecer, conmover y enamorar. O viceversa.

Sin embargo, para entender por completo el éxito de una banda como Love of Lesbian, no podemos obviar otro de sus elementos más genuinos, el sentido del humor. La ironía y sarcasmo de los monólogos marca de la casa Balmes salpicaron unas noches repletas de momentos hilarantes y gritos de esos que llevan a uno a plantearse por qué algunas personas pagan para ir a un concierto si no es a escuchar. Mención especial para la adaptación política/paródica de ‘El ectoplasta’, en la que Zapatero, Rajoy, Chacón, Aznar y Aguirre lloraban y rabiaban de celos e incomprensión.

El setlist, aunque variado, volvía a tener como protagonista el citado ‘1999’, su obra maestra a batir, algo comprensible cuando escuchas en directo temas como ‘Las malas lenguas’, ‘Voy a romper las ventanas’ o la canción homónima, canciones que sonaron en su esqueleto, dejando al descubierto su auténtico poder. Y es que, el origen de un disco tan importante como aquel, se entiende mejor al disfrutar de las versiones acústicas de ‘Incendios de nieve’ o, especialmente, una ‘Allí donde solíamos gritar’, que se convirtió en uno de los puntos álgidos de ambas noches. Tremenda, emotiva, conmovedora. Una canción que, como quedó demostrado, nació clásico.

Otra de las virtudes de este tipo de conciertos es la libertad absoluta que tiene el artista a la hora de seleccionar repertorio. La aparición de ‘Me llamo Octubre’, ‘Shiwa’ o la aclamadísima ‘Marlene, la vecina del ático’, fueron un regalo que justificó la entrada de aquellos seguidores que conocemos en profundidad la discografía de Love of Lesbian. Para los recién llegados, el punto y final con ‘Club de fans de John Boy’, debería ser suficiente para saciar su sed de himnos. Y, para todos, la emocionante versión de ‘Lucha de gigantes’, del maestro Antonio Vega, la locura egocéntrica de ‘Me amo’,  el absurdo maravillosamente melódico de ‘Villancico para mi cuñado Fernando’ y, en especial, la aparición de ese niño prodigio, Austin ‘el niño magnético’, que ha pasado de acompañar vestido de ‘amante guisante’ a sus ídolos a tocar con ellos como uno más de la banda. Ver su pasión, complicidad y disfrute agarrado a una guitarra más grande que él, hace que uno vuelva a creer que la música puede ser inmortal, que aún queda esperanza.

Escuchar en silencio, con los ojos cerrados y vello de punta, imaginando, por poner un ejemplo de muchos, cada una de las escenas que narra ese pequeño trozo de vida llamado ‘Mi primera combustión’, dio sentido a dos veladas que volvieron a demostrar el idilio entre los ‘lesbianos’ y el público murciano.  Un éxito que no necesita, aunque nunca estén de más, de disfraces, botellas de aguas voladoras, ni coreografías. En el fondo, todo, o casi todo, se resume en una guitarra, dos en esta ocasión, y una voz. La épica de la desnudez.

Fotos: Cristina Sarabia

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Posted in: Conciertos