Bunbury – ‘Licenciado Cantinas’

Posted on 13 diciembre, 2011

1



La figura de Licenciado se acerca sigilosamente hasta la penúltima cantina, donde confunde a las damas con tequila y acaricia las hojas en blanco como si del cuerpo de una guitarra rota se tratara, con el temor y la delicadeza propia de quien se acerca a algo que, al mínimo movimiento brusco, termina quebrándose en dos. Su cuerpo delgado se viste de noche para recibir como Dios (Atahualpa Yupanqui) manda al amanecer impostado que descubre la montaña por la que, unos años atrás, cabalgaba un jinete que hoy, al fin, recibe la compañía de todos esos momentos que se le esquivaron. Licenciado siempre ve el vaso medio vacío, como marcan los cánones de quien vive de su sed eterna, de la búsqueda constante del siguiente giro en la ruta. Sus honores y alabanzas llegaron de los que tuvieron que aceptar que la línea recta es aburrida, que lo mismo da ponerse electrónico que bailable, mestizo que grandilocuente, rockero que cantautor. Esqueleto y carne, voz y corazón, Licenciado nunca tuvo que pedir permiso a nadie, no malgastó ni una sola explicación, no se distrajo con el paisaje ni siquiera cuando más precioso se mostraba, no permitió que su velero viajara a más costas que las que prefirió, estuviera el viento a favor o en contra.

Licenciado, alto e imponente, despertó en la arena de un mar diferente cada día, repartiendo odios y pasiones, sueños prohibidos, chacareras a cuatro brazos y tangos a medias entre voz y corazón. Ni radicalismos sonoros, paradas en clubs nocturnos llamados, pongamos, Flamingos,  viajes a ninguna parte, que resultó ser una parada de todas aquellas, en compañía de pequeños cabarets ambulantes, Licenciado siempre supo asumir, mejor que nadie, las consecuencias de sus actos, honrando la memoria de la musa más importante, esa que se apellida Inspiración. Tanto caminar y caminar, desaparecer apareciendo, le llevaron hasta el camino que llevaba de regreso a casa. Por eso, echa la vista atrás, y deja como testimonio las canciones que dieron forma a las huellas que dan sentido a su trayecto. El rock (‘Llévame’, ‘El Solitario’, ‘El día de mi suerte’), la ranchera tex mex (‘Animas que no amanezca’), el tango que desnuda el bandoneón (‘Cosas olvidadas’), la psicodelia bailable (‘El mulato’), la pasión desmedida (‘Pa’llegar a tu lado’, ‘Vida’), la tristeza desgarradora (‘Que me lleve la tristeza’) o el amor rendido a la evidencia de su grandeza (‘La tumba será el final’). Todos esos instantes esconden en sus palabras y melodías, trozos que dan forma al presente de Licenciado. Ha llorado, por supuesto, pero también se ha emborrachado, vivido, reído, olvidado, recordado, perdido y ganado. Y con coherencia, libertad y honestidad.

Licenciado se toma de un trago su chupito de tequila, agarra su guitarra y su sombrero, y se lanza de nuevo a las calles, buscando pelea, desafiando con la mirada, poniendo sobre la mesa las cartas boca arriba. No deja propina, no se esconde. Está anocheciendo y canta a pleno pulmón ‘El cielo está dentro de mí’. Las gentes del pequeño pueblo mejicano se asoman a sus ventanas  y le observan con admiración e incertidumbre.  Un joven alza la voz entre el silencio: ‘Buena suerte, Licenciado Cantinas’. Enrique Bunbury acepta con una sonrisa orgullosa su nuevo apodo, ajustándose un nuevo disfraz acorde a su último, y magistral, disco. Un álbum de versiones que se convierte, por primera vez, en el trabajo más personal de un artista. Enrique es Licenciado. Bunbury es Cantinas. ¿Dónde podemos encontrarle la próxima vez? Nadie lo sabe pero, seguro, será donde él quiera estar.  Su voz será la guía. Su poderosa figura será la sombra. Y el cielo y el infierno, como en todas partes, serán los que pongan el horizonte. Dentro de uno mismo. El testimonio de Licenciado Cantinas’.

Alberto Frutos

Bunbury – ‘Ódiame’

Anuncios
Posted in: Discos